jueves 26 de noviembre de 2009

El rincón de Adriana: se trata de hacer de ellos cornudos felices



Queridos Amigos:
Soy consciente de que he sido muy afortunada en encontrar una persona como mi esposo que se amolda perfectamente a mis ideas sobre la pareja, el amor, la sexualidad y el "nuevo" rol de la mujer. Estar al lado de una persona de buen carácter, obediente, romántico, fantasioso y muy pero muy calentón, hizo de la tarea de educarlo como cornudo algo relativamente fácil.

Además, como su pene es pequeño me dio una gran ventaja psicológica. Seamos sinceros: eso de que el tamaño no tiene importancia es una mentira piadosa, creo que a casi todas las mujeres nos gustan o al menos hemos fantaseado con pijas de gran tamaño.

Me parece que hay dos maneras de hacerle los cuernos a nuestros novios o esposos. Una la clásica "trampa". Es excitante al principio, pero a la larga termina siendo desgastante, tanto mas si la relación clandestina adquiere cierta continuidad.Me parece que sólo sirve para un desahogo temporal. La otra forma, para mi la ideal, es darle a los cuernos una total transparencia.

Esto es que nuestros novios o esposos acepten su condición de cornudos, como una práctica de convivencia sexual incorporada a la pareja, tratando de que no se agote en una mera tolerancia sino, que se trata de hacer de ellos CORNUDOS FELICES. Claro que esto será una utopía si nuestro compañero es un machista empedernido e incurable o alguna variante todavía peor (un celoso violento por caso).

Muchos confunden los cuernos con las variantes swinger con la que evidentemente tienen puntos en común, pero lo que distingue al cornudo, según lo vivo yo, es que no solo gozan al saber que estamos con otro macho, sino que no necesitan tener relaciones con otras mujeres .Para nosotras todos los penes, para ellos una sola vagina, la nuestra y a veces, pues generalmente han de conformarse con una buena paja.

Me parece que todo hombre busca en su compañera (y el cornudo en mayor medida), una mezcla de madre y puta. Esta en nuestra habilidad como mujeres satisfacer estas dos vertientes, una mezcla de disciplina y prostibulo. La disciplina sería como la parte maternal de la relación, es la que fija la devoción incondicional hacia nosotras, las reglas de convivencia y los castigos a su violación.

En mi pareja no son infrecuentes las sesiones de spanking, el uso de enemas y consoladores y las lluvias doradas. La puta que todas llevamos dentro es la otra cara de la misma moneda, debemos ser la mujer en que nuestros novios y maridos encuentren la satisfacción de sus fantasías sexuales. Uno de los grandes secretos para que nuestros compañeros vivan felices con su cornamenta voluntariamente aceptada y hasta deseada, es que esten en un estado de permanente deseo, de eterna calentura y que nos vean y sientan como las unicas capaces de satisfacerlos.

Un beso grande a todos.
ADRIANA

martes 24 de noviembre de 2009

Bofetadas y sumisión



Video sacado del magnífico blog de Aguasanta.

domingo 22 de noviembre de 2009

Sandrita, la puta putón



Conocí a Sandrita hace tiempo. Ella tenía 19 años, estudiaba en la Universidad y era muy puta. Tenía fama en la facultad de haber follado con todos los profesores y la mayor parte de los alumnos, pero lo más curioso era que ella misma se ofrecía como puta, pero sin cobrar. Le gustaba sentirse puta, que la trataran como tal y además no ponía ningún pero a ningún tío, porque mientras algunas otras follaban con tíos buenos y macizos, ella lo hacía con todos. No se negaba a ninguno por muy feo que fuera.

Y corrió la voz, y Sandrita siempre estaba muy solicitada y todos los días follaba con tres o cuatro. Y además no se negaba a nada. Lo hacía con todos y de toda slas maneras. La empezaron a llamar "Sandrita Putón" y ella estaba encantada. Sandrita me había conocido por un contacto de aspirante a cornudo que había puesto en una web y me dijo que la había excitado mucho lo que contaba, que yo le gustaba y era el hombre que siempre había buscado, pese a nuestra gran diferencia de edad pues ella tenía 19 y yo 50.

Me dijo que buscaba un hombre que le gustara ser muy cornudo porque era el marido ideal para una puta como ella; un marido que le consintiera y fuera feliz permitiendo que ella follara con todos. Seguimos hablando y nos caíamos bien pues nos comprendíamos y complementábamos en nuestros deseos. Ella me contaba por email y por teléfono, como follaba con todos los tíos y yo me masturbaba sin correrme, porque ella me lo tenía prohibido. Quería que estuviese virgen para ella, mientras ella follaba con todos, con los de la facultad e incluso con los inmigrantes que conocía por las afueras. Le gustaba follar con ellos y se ofrecía gratis.

Pero sus hazañas sexuales llegaron a oídos de sus padres y ella se peleo con ellos y se fue de casa. Era mayor de edad, aunque muy joven, y se vino a la ciudad en la que yo estaba para trabajar de puta en un lujoso chale de las afueras. Para ella eso era la felicidad total porque podía hacer lo que le gustaba.
- Puedo follar con todos que es lo que más deseo en el mundo y encima me pagan -me dijo cuando me anunció que había llegado a la ciudad y que ya trabajaba de puta en un chalé de las afueras.

Sandrita tuvo mucho éxito en ese chalé porque no se negaba a nada, era la puta para todo, lo hacía todo (incluso dejarse azotar), y follaba con todos los que iban al chalé ya fueran guapos, feos tíos buenos o flacuchos. Follaba también con todos los inmigrantes marroquíes porque su fama de "puta para todo" corrió por la ciudad y ellos también acudían al chalé para follar con ella porque Sandrita les devolvía el dinero que ellos les pagaban a la Madama, para que pudieran volver porque la excitaba mucho follar con inmigrantes. Y ella era muy feliz.



Pero sus padres se enteraron de que trabajaba de puta y la amenazaron con desheredarla. Así que Sandrita acudió a mí y me propuso matrimonio para fingir que éramos una pareja normal y que su familia no se enfadara.
- Tú eres cornudo y yo soy puta: formamos la pareja perfecta -me dijo sonriendo con sus carnosos labios

Y tenía razón. Así que nos casamos y comenzamos nuestra vida matrimonial en la que yo me encargaba de las labores de la casa, fregaba, lavaba, planchaba y hacía las camas mientras ella trabajaba de puta para mantenernos. Cuando regresaba a casa la esperaba de rodillas en la puerta y le lamía el coño para dejárselo bien limpito. Le gustaba mucho que lo hiciera y yo la complacía. Yo no follaba con ella nunca, todavía no lo había hecho, porque ella decía que así la respetaría más, la adoraría más y la querría más al saber que todos podían follar con ella, menos yo. Yo era el único que jamás podría follarla.
- Nunca. Jamás me follaras -me aclaró.
- De acuerdo.
- Sé que cuando deje que me folles, dejarás de quererme, de amarme.
- No lo sé.
- Pero yo sí lo sé. Y quiero que me respetes como tu mujer.
- Sí, cariño, lo haré.
- Y nunca me besarás en los labios, porque mi boca sólo será para mis clientes o amantes. Y nunca podrás chupar o tocar mis tetas, por los mismos motivos, porque para ti soy una Diosa sagrada y no debes profanar mi cuerpo con tus manos o tu polla, aunque folle y me magree y morree con todos, incluidos los inmigrantes y los moros.
- Sí, cariño, lo acepto.
- Y no podrás correrte sin mi permiso y estarás en castidad total y absoluta, como un sacerdote ante su Diosa.
- Sí, cariño, lo deseo.
- Así me gusta, cornudo mío: que me respetes.

Y la respeté mucho porque la amaba como un loco, la cuidaba, la mimaba y la preparaba para que fuera a follar con sus machos, con sus inmigrantes, con los jovencitos como ella que se morían por follarla porque tenía fama de putón, de que le gustaba, de que lo hacía por gusto, por vicio, y pronto se hizo famosa en la ciudad. Ella cogió fama de putón y yo de marido cornudo, pero eso a nosotros no nos importaba. Nos queríamos y nos gustaba que así fuera.

jueves 19 de noviembre de 2009

Símbolos cornudos



El colega Pepe (del blog "2follan1mira"), me ha autorizado que coloque en el blog dos nuevos símbolos cornudos. En el primero, en la foto de arriba, se ve el símbolo de un hombre y una mujer unidos, juntos, mientras que el otro símbolo del hombre (cornudo) aparece separado de ellos. Es bastante explícito y se entiende perfectamente. Dos unidos y otro alejado, el cornudo, que se ve separado de la pareja, de su mujer y su amante, su macho.



El segundo símbolo es bastante obvio: el símbolo universal de los cuernos con los dos dedos sacados y extendidos. También es muy explícito. casi más que el otro, pero a mí me gusta más el primero, el de los tres símbolos unidos y separados.

domingo 15 de noviembre de 2009

Cuernos en la noche de bodas

Hoy me has dicho que quizás me pongas también los cuernos en la noche de bodas. No estás segura, no sabes si estaré preparado, pero lo deseas, te pone, te excita que ya sea cornudo desde la primera noche de nuestro matrimonio para que me vaya preparando para el resto de nuestra vida en común.
Te lo vas a pensar y esperas que acepte tu decisión, porque eso sólo depende de ti.
- Lo acepto -te he dicho sin pensar y sin saber cuál es tu decisión, aún sabiendo que me voy a arrepentir.
- Da igual que lo aceptes o no porque la decisión será sólo mía.
- Lo sé.
- Cariño: ¿crees que debo hacerlo?
- No lo sé, mi Ama. Tengo miedo.
- Es normal que tengas miedo, pero sabes que en el fondo lo deseas.
- Sí, lo deseo.
- Y yo sé que tú lo deseas, mi cornudo.
- Sí, lo deseo, aún con miedo.
- Pero lo importante no es eso, cariño.
- Lo sé, mi Ama.
- Lo importante es que lo deseo yo más aún que tú. Me vuelve loca la posibilidad de poder hacerlo, aunque luego no lo haga. Porque puedo hacerlo, ¿verdad?
- Sí, Ama. Puedes hacerlo.
- Repítelo para que nos quede claro.
- Que puedes hacerlo, mi Ama. Puedes ponerme los cuernos en la noche de bodas.
- Es lo que quería oír, cariño.

jueves 12 de noviembre de 2009

Fóllame delante del cornudo



No sé si existes, pero te busco y mientras te encuentro me ensueño con que me llamas al trabajo por teléfono y me dices que estás echada en la cama con un tanga que a mí me gusta mucho, y que vas a masturbarte y correrte sobre la tela, pero pensando en Abel; ese chico que fue tu novio y que sé que todavía te gusta y te excita porque siempre que lo has visto has terminado follando con él. Sé que te excita, que te atrae, que te pone y que te gustaría follártelo, así que te aprovechas y me dices por teléfono que ya te estás masturbando pensando en él.
- Fóllame Abel, fóllame duro, por favor, que me vuelves loca de gusto -me dices por teléfono-.

Y yo escucho atento, excitado, con la polla dura y sintiendo que mi amor por ti aumenta cada día más, un paso más, hasta llegar a un nivel que sólo tú conoces.
- Fóllame, Abel, méteme tu polla por mi coño y fóllame que me muero de ganas y quiero hacer cornudo a mi novio con esa polla, porque tú tienes polla, un pollón, y mi novio, el cornudo, sólo tiene un ridículo pito.

Eso me dices por teléfono, entre gemidos y suspiros, mientras te masturbas sobre la cama, y yo te escucho y tengo el pito muy duro. Durísimo, aunque sé que no puedo correrme. Lo tengo prohibido porque mi placer te pertenece mientras el tuyo es libre para gozar con quien quieras, como quieras, cuando quieras y donde quieras. Así que te has corrido entre gemidos y alaridos y has mojado la braga bien mojada, masturbándote mientras piensas que te follas a otro, a ese chico que se llama Abel, que ya fue tu novio, que aún te sigue gustando y que sé que te follarás en cuanto puedas.
- Cuando vengas te pondré de rodillas y te daré a oler esta braga para que huelas la excitación que me ha provocado Abel, otro macho que me vuelve loca.

Y luego me has colgado para dejarme con la miel en los labios porque sé que quieres castigarme pero no sé por qué. Aunque es igual. Puedes castigarme por gusto, por capricho, porque te sale del coño. Porque ese es tu poder y porque sabes que así me tienes más sumiso. Y más enamorado. Porque cuanto más me dominas más te amo, y porque sabes que soy masoquista, tu masoquista, y me vuelve loco sufrir por ti para que tú goces. Ese es mi verdadero placer.

lunes 9 de noviembre de 2009

Sandrita, la puta , y su esclavo cornudo (I)

Te llamabas Sandrita y eras su secretaria. Eso me dijiste. Lo deseabas, era su puta, pero él estaba casado. Me escribiste para contestar a mi contacto y quedamos en una cafetería. Allí me explicaste que tenías 20 años, que eras su secretaria, que eras su puta particular, su coño privado y que te morías de ganas por seguir siéndolo porque ser su puta era para ti un sueño.

Porque él tenía 51 años ya que a ti te gustaban los hombres muy mayores y además estaba casado y por eso eras su amante. Te pagaba un buen sueldo y además te había comprado un chalé en una urbanización en la que vivías y lo esperabas cuando él podía ir. Te llamaba por teléfono para avisar que llegabas y tú te ponías desnuda a cuatro patas delante de la puerta para que al entrar, lo primero que viera fuera tu coño de puta ofrecido, expuesto y dispuesto para ser usado por él. para ser usada por él como su puta.

Estabas loca de deseo por él, era tu hombre, tu macho y siempre sería así. Lo deseabas con locura y a mí sólo podrías tenerme cariño. No podía hacerme ilusiones de tener algo más. Por eso habías puesto el anuncio buscando a un hombre sumiso mayor. Porque yo era mayor, te llevaba 20 años y además era sumiso y cornudo. Eso era lo que buscabas porque tus padres habían sospechado de tu relación con él y querías casarte con algún sumiso al que dominar paraque aceptara los cuernos, para que tu familia no sospechara nada raro. Así él podría venir a nuestra casa a follar contigo cuando quisiera sin levantar sospechas. La excusa perfecta.

Y además querías tener hijos, te gustaban los niños, pero querías tenerlos con él, con tu macho, con el hombre que te trataba como una puta y al que deseabas precisamente por eso. Él te había sugerido que buscaras a algún chico sumiso para casarte con él y ponerle los cuernos. Había muchos por la red. Y buscaste y me encontraste. Te gusto mi decidida vocación de cornudo, pero había algo más.

Tú querías tener un hijo, pero con él, con tu macho, con tu macarra, con el hombre que te chuleaba y trataba como la puta que tú siempre habías querido ser. Yo tendría que darle mi apellido a vuestro hijo, educarlo y criarlo como si fuera mío. Y había más, porque él no quería que el marido de su amante follara con ella, era sólo para él, y yo jamás podría follarte. Habíais pensado en un cinturón de castidad y él se llevaría la llave, para tener la garantía de que no follaba contigo.

Por supuesto que la noche de bodas la pasarías con él, aunque me dejarías mirar. El tenía mucho dinero, varias empresas punteras y gozaba de una alta distinción social. No quería divorciarse porque quería a su mujer y ella era accionista de sus compañías, junto a sus suegros. Quería mantener la imagen de chico educado, culto y de buena familia y no empañarla con una amante. Por eso sería todo secreto.



Además se haría cargo de todos nuestros gastos, seguiría pagándote a ti el sueldo, me metería a mí en nómina como empleado suyo con un buen sueldo y con un generoso plan de pensiones, aunque no tendría que ir a trabajar porque mi trabajo sería cuidarte y atenderte para él, fregando, lavando, planchando y cocinando para que tú no te cansaras, estuvieras fresca y lozana y con tus manos muy cuidadas.

Por supuesto llevaría siempre el cinturón de castidad y sería castigado por cada cosa mal hecha, mediante unos latigazos que me darías en el culo, con el fin de someterme más a ti porque tú eras muy severa y estricta con los demás y te gustaba dominarlos, aunque fueses tan dulce y puta con él. Siempre habías sido dominante con todos, pero con él te derretías y eras muy puta. Un zorrón portuario que estaba loca por él y que te hacía comportarte como una puta porque incluso te había llevado a follar con sus amigos en una despedida de soltero de uno de ellos.

Tú habías sido la puta de todos ellos y te habían magreado, sobado, chupado y follado entre todos. De hecho de vez en cuando vendría a casa algún amigo suyo para follar contigo, con su permiso, e incluso lo acompañarías en sus viajes y follarías con sus futuros clientes para convencerlos de que hicieran negocios con él. Serías su puta particular para todo. De hecho ya lo estabas haciendo cuando nos conocimos.

Era tu macho, según me dijiste. Pero sólo él o sus amigos y clientes, porque yo llevaría siempre bragas para que me recordaran constantemente que yo era el cornudo sumiso y él el macho dominante, aunque cuando él viniera en vez de bragas luciría tanga para parecer más puta sumisa y que él se excitara más.

Esa sería mi misión. Protegerte, mimarte y aparentar en sociedad como tu marido y cuidarte para que él pudiera disfrutarte mejor. Tú, también claro, porque me dejabas muy claro que eras su puta y él era tu chulo y jamás renunciarías a él. Jamás podrías dejar de ser su puta o la puta de quién él quisiera. Que me lo pensara y decidiera.
(Continuará)